rabietas

Acompañando respetuosamente las rabietas

Uno de los temas que nos suelen preocupar más a madres y padres son las “rabietas”. En mis acompañamientos es un tema recurrente, de hecho la semana pasada impartí un taller sobre el tema al que asistieron varias madres y padres (y hasta una abuela!!). Todos tenían las mismas preguntas. En esencia querían saber cómo reaccionar ante los berrinches de sus hijos, obtener herramientas para acompañarlos en esos momentos tan fuertes y saber hasta qué punto es «normal»

¿Cuándo comienzan estos episodios llamados «rabietas»?

A mí me gusta empezar este tipo de talleres haciendo un resumen de lo que es la crianza fisiológica porque, obviamente, las herramientas que les voy a dar están relacionadas con esta filosofía.

Por eso es importante abordar este tema teniendo claro que los bebés son seres completos. Tienen los mismos derechos que los adultos y que el trato que reciban durante su infancia, sobre todo durante sus 3 primeros años de vida va a marcar profundamente su personalidad e incluso su salud mental.

Con esto en mente, una de las premisas a tener en cuenta es que debemos tratar a nuestros hijos como a iguales. Con respeto. Con empatía. Como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Parece sencillo pero en la práctica no lo resulta tanto, sobre todo porque a nosotros en general nos han criado con autoridad y mano dura.  Por eso cuando nuestros bebés empiezan a mostrar su desacuerdo ante ciertas situaciones (entre los 15 meses y los dos años) el primer impulso suele ser el de “reprimir» esa rabieta. Nos sale el automático con frases típicas como el famoso «No pasa nada», «No llores»… Lo que hace que el niñe se frustre muchísimo más y no encuentre la contención que realmente necesita.

rabietas

 

¿Qué son y por qué ocurren las rabietas?

¿Pero cómo definimos una rabieta? Es cuando el niño/a grita, llora, patalea, se tira al suelo en incluso se agrede a sí mismo/a o a otros. Una pataleta en toda regla puede llegar a contener todos estos elementos.

Es una situación que nos resulta difícil de acompañar y teniendo  en cuenta  que a partir de los dos años ocurren con cada vez mayor frecuencia, hay veces que esta fase puede llegar a agotar nuestra bendita paciencia. Yo encuentro que es bastante útil saber por qué el niño está reaccionando así. ¿Cuáles fueron la serie de sucesos que lo llevaron a este estado?

En primer lugar os diré algo positivo. Vuestro hijo empieza a tener rabietas cuando empieza a sentirse más independiente. Los primeros dos años de vida los bebés están íntimamente unidos a su figura de apego (casi siempre su madre) hasta el punto de que son un único ser. Mamá y bebé son uno.  Cuando nuestro bebé crece empieza a descubrir su propia individualidad. Empieza a darse cuenta de que tiene sus propias opiniones, gustos y decisiones y se las hace saber a sus padres. Empieza a autoafirmarse. En muchos casos los padres nos los solemos tomar de forma personal y llegamos hasta a pensar que nos están desafiando. Pero no es así. Ellos se están expresando y descubriendo SU PROPIO SER.

Están intentando expresar sus emociones y nuestro rol como madres/padres es acompañarles en ese proceso de manera INCONDICIONAL.

Recordemos que las emociones son 5: alegría, enfado, miedo, tristeza y asco. Estas son las 5 emociones principales cada una con mil y un matices.  Tradicionalmente la sociedad sólo valora y celebra una de ellas, la alegría. Pero las 5 emociones son naturales y válidas.

Terribles_dos

Normalmente cuando un bebé reacciona con una pataleta suele ser porque siente una de estas emociones y no sabe cómo gestionarla porque aún no tiene palabras suficientes para expresarse. 

Otra razón por la que nuestros hijos/as pueden recurrir al berrinche es cuando se encuentran en un estado de des-regulación. Una de sus necesidades fisiológicas básicas no está cubierta. Por ejemplo están cansados o tienen hambre.

Cómo acompañar respetuosamente las rabietas:

Pues para empezar es importante tener en cuenta todos los factores que he mencionado anteriormente. Si conseguimos discernir el origen de la rabieta será un poco más fácil abordarla y podremos ayudar más a nuestros hijes.

Cuando se trata de una clásica “rabieta de libro” ocasionada por las emociones recordemos que nuestro hije está sintiendo algo y no sabe cómo gestionarlo. Aquí nuestra labor es acompañarles para que puedan sentir esa emoción, descargarla y transitarla. Cuanto más les acompañemos en estos momentos, mejor sabrán ellos autorregularse de mayores.

Lo primero que debemos hacer cuando empieza el berrinche, sea del tipo que sea, es ponernos a su altura, ponerle nombre a esa emoción que transitan y validarla. Por ejemplo:

–          Sé que estás enfadada porque quieres tocar el enchufe y te he dicho que no lo hagas. Entiendo que estés frustrada y enfadada y eso está bien. Tienes derecho. Si quieres, puedes golpear este cojín.  No podemos tocar los enchufes porque nos hacemos daño. Es muy peligroso, mi amor.

–          Cariño, estás enfadado porque querías jugar con ese juguete y no pudiste, ¿verdad? Entiendo que te sientas frustrado. Es normal. Te llamaba la atención ese juguete porque era nuevo para ti.  ¿Quieres que juguemos juntos a un juego nuevo?

–          Sé que te sientes triste porque se han ido los abuelos.  Lo entiendo, mi vida. Es normal que te sientas así. Te lo has pasado muy bien con ellos y les vas a echar de menos. ¿Quieres que te dé un abrazo? ¿Quieres que juguemos juntos un rato?

Recordemos también que los niños a estas edades empiezan a moverse con mayor autonomía y están en plena fase de descubrimiento. Por eso los “peligros” empiezan a multiplicarse y con ellos nuestros “Noes”. Los niños, al igual que nosotros los adultos, no son inmunes a tanta negación y frustración. Negación tras negación, los “no” se van acumulando y acaban por saturar al bebé. ¿A quién no le molestaría que le dijeran que no a todo lo que intenta emprender, a todas sus iniciativas? Esto también es una causa frecuente de rabietas.

Para evitar estas situaciones yo siempre sugiero que se limiten la cantidad de “noes” que se dicen al día al mínimo imprescindible. Que los límites infranqueables sean las cosas que realmente puedan dañar al niño o a las personas de su entorno. Para ello es imprescindible habilitar la casa y los espacios en los que el niño va a pasar la mayor parte de su tiempo de forma que esos peligros estén fuera de su alcance. Si su casa está bien adaptada, el número de “no” que reciban al día bajará considerablemente. ES IMPRESCINDIBLE UN ENTORNO ADECUADO Y BRINDAR MEDIDAS ANTICIPATORIAS. Por ejemplo: «Iremos a casa de la abuela y hay ciertos adornitos que no se pueden tocar» o «En casa de mi amiga hay un perro que ladra mucho».

crianza_respetuosa_rabietas

También es importante hacer una labor de trabajo personal como padres para identificar qué cosas constituyen realmente un peligro para el niño y qué cosas son más bien prohibiciones o límites que tienen que ver con la comodidad o los miedos de esos padres. A muchos nos han educado con mucho miedo. “No subas las escaleras sólo que te vas a caer”. “A la mesa no se sube. Te vas a caer”. “No saltes desde el sofá que te harás daño”.  Ante estos ejemplos tan habituales lo primero que diré es que esas coletillas sobran. El “Te vas a caer”. “Te vas a hacer daño”, etc. tan sólo sirve para condicionar a tu bebé a caerse más. Le estás invitando a hacerlo. Todo niño nace con increíbles capacidades tanto motrices como intelectuales y en gran medida somos los adultos los que les trasladamos nuestros miedos y limitaciones. Hagamos un poco de introspección y veamos qué miedos y limitaciones son nuestras y cuáles son realmente las de nuestros hijos para permitirle a ellos desplegar su potencial al máximo.

Por eso vuelvo a insistir en la importancia de un entorno adaptado y adecuado ya que es vital que, en la medida de lo posible, se les permita a los bebés y niños moverse y jugar con completa libertad y autonomía. Sin intervención de los adultos.

También es posible que notemos que nuestro bebé tienda a frustrarse más fácilmente,quizás mucho más que los niños de su entorno próximo, es aquí donde  podemos observar que, a pesar de poner en práctica un acompañamiento respetuoso de las rabietas, nuestro hijo/a sigue teniendolas muy frecuentes. En casos como éste sería interesante indagar si el bebé o su madre han tenido alguna herida invisible o herida primal que les influya. Esto puede ocurrir en el nacimiento del bebé o posteriormente por algún suceso traumático o separación prolongada de su figura de apego. En estos casos los berrinches son una llamada de atención a los ma-padres para que reconozcan y sanen esa herida.

En general y a modo de conclusión, para acompañar esta fase de “Los terribles dos” ponte siempre en su lugar. Entiéndelo, acompáñalo, valídalo y así podrá construir un ser con inteligencia emocional. Un ser íntegro y empático capaz de entenderse a si mismo y a los demás.

niños_inteligencia_emocional

Deja un comentario