Sanando la herida invisible

Hoy imparto un taller de sanación de la herida invisible en Benalmádena (Málaga, España). Cada vez me encuentro con más mamás deseosas de compartir sus experiencias de parto. La mayoría han tenido partos intervenidos (Kristeller, oxitocina sintetica, episiotomía, cesárea, etc) y han sentido que la forma en la que su bebé llegó al mundo no ha sido del todo la que hubieran deseado. Quedan afectadas en mayor o menor medida. A esto es a lo que me refiero con “La herida invisible”.

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Como es un concepto poco conocido, dos mamás a las que acompaño me han dado permiso para que comparta sus historias y así poder ilustrarlo mejor. También os invito a que leáis mi propia experiencia en este post. Empezaré por Inés, mamá de Emma. Ella me convocó hace unos meses buscando “ terapia”. No tenía  muy claro lo que era el acompañamiento pero una vez le expliqué cómo funcionaba mi trabajo decidió dar el paso y conocernos.

 

La herida invisible de Inés y Emma

Lo que más le preocupaba era que cada vez que se quedaba sola no podía evitar ponerse a llorar y no sabía por qué pero sabía que algo le pasaba. Pude observar que estaba en pleno puerperio y en pleno proceso de DESPERTAR. Al comenzar a trabajar juntas llegamos a la conclusión de que el inicio de su maternidad había sido muy duro y de que había ciertas heridas invisibles que sanar.

De entrada se sintió empujada a llevar a cabo un parto inducido. En la semana 41 el personal del hospital le propuso la inducción y ella aceptó. Inés salía de cuentas en Navidad y toda su familia extendida había viajado a Benalmádena para celebrar las fiestas y conocer a Emma. La presión y la expectativa familiar eran muy altas.

Después de 30 horas desde que se inició el proceso de inducción, llegó Emma al mundo. Y ahí llegó esa primera herida…Emma, que cuando le rompieron la bolsa el líquido estaba transparente, ahora al asomar la cabeza, se veía que venía recubierta de meconio. Así que se la llevaron a neonatos a aspirarla, limpiarla y hacerle pruebas sin que Inés pudiera ni siquiera verla.  No le dejaron ni tocarla, ni besarla ni abrazarla ALGO SAGRADO Y FUNDAMENTAL EN LA PRIMER HORA DE VIDA

El nacimiento de Emma afectó tanto al bebé como a su madre. Y todo esto se fue viendo los días posteriores al nacimiento. La lactancia era muy dolorosa, Inés tenía mucho más sangrado de lo normal y estuvo muchos días seguidos con fiebre y anemia. Si a todo esto le sumamos que en ningún momento pudo estar sola con su compañero y su bebé para encontrarse, para crear vínculo… Os recuerdo que era Navidad y que las familias de ambos estaban de visita. Todo el mundo daba su opinión y a Inés le generaban cada vez tenía más dudas.

 

La segunda y dolorosa separación

Inés seguía dándole el pecho a Emma a pesar del terrible dolor de pezones que tenía por el mal agarre del bebé. Al final en la visita al matrón vieron que Emma no estaba mojando los pañales. Por lo tanto algo iba mal. Fueron a urgencias y allí sondaron a  Emma. Los mandaron a casa con la única instrucción de sacarse leche con un sacaleches y ofrecerle un extra a Emma después de cada toma. Esa misma tarde Inés, la mamá, tenía tanta fiebre que fueron al hospital Materno. Allí le atendieron primero a ella y achacaron la fiebre a la subida de la leche pero finalmente resultó ser que aún tenía restos de placenta en su útero…¡¡¡Pero eso no lo vieron en esa visita!!! Como estaban en el hospital decidieron que atendieran también a Emma ya que les preocupaba que no estuviera haciendo pipí. Ahí les dijeron que Emma estaba deshidratada y que tenían que ingresarla de inmediato para administrarle suero por vía y que estaría como mínimo dos días ingresada. A los padres de Emma se les vino el mundo encima. Ahí llegó la segunda herida, la segunda separación. Emma tan sólo tenía 5 días de vida. No dejaron que sus padres entraran con ella a “prematuros” que es donde iba a estar ingresada. Pasaron varias horas hasta que pudieron entrar a verla y cuando la vieron tenía heridas en ambas manos y en distintas partes de la cabeza. La mitad de la cabeza estaba rapada y ahí es donde, después de varios intentos, consiguieron dejar puesta la vía con el suero. Los padres al ver esa imagen se derrumbaron.

Inés inició esos días de ingreso hospitalario el proceso de “extracción poderosa” para estimular la producción de leche. Si bien es un método que suele dar buenos resultados, a ella le dolía mucho tener que separarse de su bebé nada más terminar de dar el pecho para ir a una sala fría con máquinas a “ser ordeñada”. Además veía la cantidad de leche que le salía al resto de madres y comparaba con lo que ella se extraía y le daban ganas de llorar, por supuesto, a causa de la angustia, el estrés  y la soledad.

Al tercer día por fin le dieron el alta a Emma y pudieron irse a casa. Ese día no tuvieron interferencias pero los días posteriores siguieron teniendo visitas (en este caso de la familia política de Inés). Imaginaros el estado de ánimo de esta nueva mamá. Destrozada, agotada, vulnerable, dolorida…Aún así tenía que estar presente para las visitas y “compartir” a su hija con ellos. Fueron momentos muy duros en los que Inés ya empezó a tener sentimientos encontrados, a rebelarse contra lo que “se suponía que se tenía que hacer” y lo que ella sentía. Comenzaba a DESPERTAR como madre y a transformarse.

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En nuestros encuentros Inés pudo, POR FIN, contar su historia y cómo se sentía. Sin tapujos. Sin sentirse juzgada, sino arropada. Yo le brindaba una escucha activa, material para leer, algunos ejercicios para que hiciera con Emma…Y poco a poco esas heridas empezaron a sanar. En el caso de Inés me parece especialmente destacable la función que ha tenido la lactancia materna a la hora de sanar la herida invisible. Si bien los inicios de la lactancia fueron muy difíciles para ella, al cabo de los meses empezó a observar y valorar el efecto tan positivo que tenían esos momentos juntas. La lactancia está aportando beneficios tanto para Emma como para Inés. De hecho ella me dice a menudo: – “Dar el pecho a demanda es muy sacrificado… Pero la sensación de conexión, de calma, de apego y de amor que siento cuando mi bebé se queda dormida al pecho no tiene precio.”

 

La herida de María y Elsa

En el caso de María, a quien llevo acompañando 3 años y con quien tengo ya un fuerte y amoroso vínculo, aún a día de hoy seguimos trabajando su HERIDA INVISIBLE. María recibió una atención altamente violenta en su parto que causó una gran desconexión con su bebé. A pesar de intentarlo y de estar acompañada por mí en los inicios, la lactancia materna no fue posible. Era necesario mucho, muchísimo, sostén emocional y los días eran muy largos y en soledad. Como siempre digo: LAS MUJERES NECESITAMOS ESTAR ACOMPAÑADAS SOBRE TODO EN EL PUERPERIO 

Yo tuve la oportunidad de acompañar a María prácticamente desde los inicios de su puerperio y fui testigo de cómo esta herida invisible llega a inhibir la lactancia materna, privando así a la mamá y al bebé de esa herramienta de sanación. Sin embargo, existen más herramientas y María fue valiente y decidió utilizar estas vivencias para impulsar su viaje de indagación personal. Integramos el acompañamiento con diversas técnicas, biodescodificación y otros ejercicios que nos llevaron a entender su historia como HIJA MUJER Y MADRE. Pudimos ver cómo claramente el linaje femenino afecta a la mujer llegando incluso a afectar su maternidad y en este caso su lactancia. Su linaje pedía sanación a gritos.

Y eso hizo ella. María ansiaba respuestas y quería aprender y evolucionar. Siempre ha estado comprometida con su desarrollo personal y con la sanación de sus heridas y del linaje familiar por ella y por su hija. Puedo decir que estoy feliz y orgullosa de poder acompañarla. Hoy para mi ademas de ser una madre a la que acompaño, a menudo es también sostén para mi. María se formo como asesora en lactancia materna y como Moon Mother ademas se acudir a cuanto encuentro le sea posible.

Por eso, si bien es cierto que María no pudo dar el pecho, eso no quita que lleve ya casi 3 años dándole amor, presencia y una maternidad consciente a su hija. Eso es lo más importante. Estar presente, poner cuerpo y alma. Sin juzgarnos. Sin culpas. Haceptando responsabilidades en cuanto a nuestras propias heridas.Respetando la fisiología.

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Como veis en estos dos casos prácticos la atención médicalizada al parto y al recién nacido, la separación en las primeras horas de vida dejan secuelas poco visibles que afectan claramente el desarrollo del bebé y a sus vínculos en general. También hemos visto que quedan secuelas en la mamá. Por ello invito a todas las madres que así lo deseen a que participen en el taller de sanación de la herida invisible esta tarde en Tejiendo Sueños Montessori (Benalmádena). Tendrán la ocasión de compartir su experiencia y les brindaré herramientas para sanarla. Estoy deseando conocerles y acompañarles.

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