BLW

Alimentación complementaria y la moda del BLW

Dentro de la crianza fisiológica se recomienda que la introducción de los alimentos se haga a través de BLW (Baby-Lead Weaning) ¿Y qué es eso? Pues se trata de un método de alimentación complementaria en el que el bebé se autorregula para comer y come alimentos sólidos en trozos. De esta manera el bebé comienza su relación con la comida de una manera muy sana ya que reconoce las distintas texturas, sabores, olores, y colores de los alimentos. Es una experiencia multisensorial muy placentera para el bebé en la que es él quien decide el ritmo y cantidad de la ingesta y no el adulto.

Fue una madre de mi tribu, Gisela Soneti, quien me mencionó este método de alimentación en uno de los talleres de crianza de Anidando. Me parece importante mencionar a quien me dio la información (cuando lo recuerdo), porque la información empodera. Nunca sabemos cuánto estamos ayudando a una madre al darle información. Luego cada uno es libre de aplicar los consejos o no. NUNCA SUBESTIMEMOS EL PODER DE UNA SEMILLA. Para mí cada una de las mujeres de mi tribu fueron super importantes y formaron parte de mi camino y por ello les estoy muy agradecida.

En ese entonces recuerdo que yo sentía que Joaquín tenía interés por la comida. Mientras nosotros comíamos él nos veía comer y al vernos sus neuronas espejo tenían la necesidad de imitarnos. Pero, ¿estaba realmente preparado para comer?

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Requisitos para iniciar la alimentación complementaria

De entrada es importante destacar que si los bebés toman pecho a demanda hasta el año sus nutrientes están bastante cubiertos. La alimentación es complementaria a LA TETA, y no al revés. Así que, en teoría, no debería haber prisa por comenzar a introducir los alimentos.

Digo “en teoría” porque en la realidad a menudo pasa que el entorno y la familia están sumamente ansiosos porque el bebé comience a comer ya que de esta manera cualquier persona que no sea la mamá (la teta) podrá darle los alimentos. Si además la mamá se va a incorporar al trabajo se suman las dudas, las presiones…Y si a esto le unimos las recomendaciones, a menudo anticuadas, de los pediatras, que desconocen la importancia del desarrollo autónomo del bebé, entonces la confusión está ya del todo servida.

Por todos estos factores a veces la introducción de la alimentación complementaria puede ser un momento bastante difícil. Y no debería ser así. Todos los procesos deberían ser vividos de la manera más fisiológica posible y no forzar.

Entonces, ¿cómo sabemos si el bebé está listo para ingerir alimentos sólidos? Pues además de mostrar interés por la comida es fundamental observar si el bebé ya logra sentarse por sus propios medios. Y cuando hablo de sentado por sus propios medios me refiero a si consiguió o no la postura por sí mismo  (véase el post sobre el Movimiento Libre). Muchas veces confundimos el » se mantienen sentados» con esto. No es lo mismo.

Si aún no se sientan por sí mismos es que no están preparados para ingerir sólidos. ¿Por qué este requisito tan estricto?, os preguntaréis. Al igual que vosotros yo tenía mis dudas y le pregunté a mi amada doula Sil. Ella me respondió muy gráficamente: “¿Vos podrías comer acostada?» Esta frase fue clave para mí.

Siempre que tengamos alguna duda sobre qué hacer con el bebé creo que es importante intentar ponerse en su lugar. ¿Te imaginas que a ti como adulto te sienten, te aten y te den cantidades que no puedes controlar de comida a cucharadas? ¿Una tras otra sin parar…? Creo que visto así queda claro que al ponernos en su lugar el camino a seguir será más fácil.

Por último otro de los requisitos para practicar el BLW es CONFIAR EN ELLOS Ellos son sabios. Y ya que en los inicios la alimentación complementaria es más bien juego y descubrimiento tan sólo necesitaremos proveerles de un entorno adecuado y sobre todo respetar su ritmo.

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¿Y cómo lo ponemos en práctica?

Mi amiga Caro Esteves profundizará sobre esto más abajo y descubriréis que no es nada complicado.

Podemos compartir todos la mesa para que el bebé observe cómo lo hacemos y nos imite. Esta es una opción interesante pero no es determinante. No nos obsesionemos con que coma en la misma mesa con todos en unos horarios marcados ya que esto es algo puramente cultural y puede que a esas horas el bebé no tenga hambre. Como mencionaba arriba lo importante es seguir el ritmo fisiológico del bebé y que éste coma cuando tenga ganas, sin forzarle.

Otra opción es que el bebé tenga siempre a su alcance comida, agua y utensilios, incluidos vasos de cristal (luego profundizaremos sobre Montessori en casa). Así el bebé podrá comer cuando le apetezca e irá aprendiendo de esta forma. Siempre bajo nuestra atenta mirada y asumiendo que tendremos que limpiar regularmente los restos y manchas inherentes a este método de alimentación. Recordemos que están aprendiendo y armémonos de PACIENCIA.

Porque, sí, criar fisiológicamente requiere tiempo y paciencia. Pero les animo a intentarlo, tiene un valor incalculable para el resto de su vida.

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Y el BLW en particular tiene muchas ventajas. Entre ellas que la relación que se está estableciendo entre el bebé y la comida será mucho más sana que aquellos niños a los que se les fuerza a comer triturados (tengan hambre o no). Además en seguida veréis como los bebés van desarrollando su motricidad fina. ¡Recuerdo a Joaquín agarrando las lentejas una una! ¡Joaquín gracias a este método comía de todo!

Hoy tengo el placer de compartir post con mi amiga del alma Caro Esteves, madre de tres niñes, Doula…Una amorosa mujer quien con su historia de maternidad indagó muchísimo sobre alimentación y me pareció muy lindo y enriquecedor compartir este texto con ella para dejarles mucha más información.

 

Caro Esteves sobre BLW

Hace unas horas compartí otro taller de cocina y alimentación para bebés, en Unquillo, Córdoba, Argentina. Un pueblo serrano verde atravesado por luchas culturales relacionadas a la ecología, la protección del monte nativo, la música popular en sus plazas, un pueblo lleno de amigos…

Tanto en Unquillo como en diferentes latitudes de Argentina observo experiencias, expectativas de familias (en general madres) relacionadas con la alimentación complementaria. Las mismas preguntas resuenan una y otra vez:

¿Qué les doy? ¿Cuándo? ¿Con qué empiezo? ¿Qué alimento doy mes a mes? ¿Y no se ahoga..? ¿Cómo hago cuando lo cuida mi mamá y le quiere dar yogurt? ¿Se me va a acabar la leche? ¿Qué compro…Trona, baberos plastificados, cucharas especiales, vasos…?

Parece como si de un mes al otro hubiera que salir a comprar muchísimas cosas…Que lo que venía siendo fluido, con cierto ritmo ya propio, de golpe cambia y hay que generar muchísimas nuevas rutinas.

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Con horas de desvelo encima, mucho enamoramiento oxitócico, ropa sudada, dificultad para comer, bañarnos y obtener un mínimo de autocuidado, la mayoría de las mujeres llegamos a los 6 meses del bebé con grandes logros: La lactancia (si así se decidió) esta instaladísima. Tiene un ritmo ya propio que resulta amable para la diada (para esa mamá y su bebé que están completamente vinculados, que son uno). Lo peor del desvelo nocturno ya pasó. Las deposiciones más o menos se preveen y podemos (a veces) hasta ordenarnos para salir con el bebé (¡y llegar a tiempo a alguna cita programada!). Todo fluye maravillosamente.

Sin embargo, alrededor de los 4-6 meses, el pediatra ya nos empieza a advertir que “Ese bebé ya necesita otra cosa” (como si una papilla de zanahoria resultara comparable al valor nutricional de la leche materna…). Y además emite juicios y de sugerencias sobre temas de lo más privados como que “El bebé está muy apegado y necesita que lo dejes con otros. Que empiece con el yogurt y vos salís “.

Las madres recibimos muchísimas opiniones acerca de nuestra nutrición. En el embarazo juzgan si engordamos bien o mal. Luego a ver si tendremos o no leche. Luego la calidad de la leche…Resulta dificultoso superar todas esas críticas externas sobre nuestra capacidad de nutrir a nuestro bebé y es un logro personal para quienes deciden amamantar el continuar con ello a pesar de todos los juicios y opiniones del entorno. Pero es que, claro, cuando además llega la recomendación médica (del profesional que respetamos y juzgamos preparado) que nos sugiere introducir según qué alimentos y dejar de lado la lactancia materna…Nos vuelven a asaltar las dudas y las inseguridades porque en principio no sospechamos que, quizás ese profesional médico no tenga suficientes conocimientos relacionados con la nutrición de los bebés. Y tampoco nos paramos a pensar si, quizás, obtengan beneficios económicos por recomendar tal o cual fórmula o papilla). Todo esto nos toma por sorpresa. Si a esto le sumamos que a veces percibimos que nuestro bebé está deseoso…En cualquier caso, llegue como llegue el inicio de la alimentación complementaria, ten por seguro que será una nueva etapa llena de sorpresas y preguntas.

 

El inicio de la alimentación complementaria

Si la alimentación hasta entonces era fácil, fluida…De golpe hay horarios, alimentos sugeridos, ollas que limpiar, elementos que comprar. No voy a profundizar aquí acerca de los” métodos”. Ya circula suficiente información al respecto y hay preciosos talleres para compartir…El blw y toda la moda alrededor de él sólo devela lo desconectados que estamos de nuestras tradiciones y costumbres ancestrales. Enloquecemos cuando surgen nuevos gurús. Como si fuera imprescindible que alguien genere “ un método”  que nos “enseñe” a darle de comer a nuestro bebé. Me resulta increíble cuando vienen a los talleres y me topo con esa expectativa: “Vengo a aprender a darle de comer a mi hijo”. Y yo lo veo enganchado a la teta, sonriente, rechoncho y digo: ”¡Mujer, lo tienes bien aprendido ya!”.

Los seres humanos hemos comido trozos a lo largo de la historia sin tener mucha lectura al respecto. Eso sí, con algunos cuidados básicos. La introducción de papillas respondió a una época en la que era necesario suplementar de alguna manera a bebés pequeños porque su alimentación con leche artificial resultaba insuficiente. Y claro la única manera de hacerlo con un bebé de tres meses era con purés. A pesar de haber mejorado las fórmulas de leche, y con nula consideración en casos de lactancia materna, se persisten en recomendaciones médicas absurdas que atentan contra la salud emocional y fisiológica de la madre y su hijo/a.  Se recomiendan procesados y lácteos, llenos de conservantes y azúcar. Claramente productos y no alimentos. A bebes flácidos, blandos, sin equilibrio, les proponen sillas duras, altas…Hay un mercado inmenso de productos que venden desde “ alimentos” para bebés hasta utensilios especiales (platos, tazas, vasos, baberos, sillas, tenedores, cucharas…). Pareciera que la invitación es al desapego, a la estructuración rígida de lo que hasta entonces es fluido y libre.

No se enseña a comer…Se acompaña

Un bebé está siempre esperando lo mismo. Dentro del útero tiene calor, contacto, comunicación. Nace y durante muchos meses su expectativa y necesidad continúan iguales. Esperan ser atendidos con cariño; necesitan mucho cuerpo (mucho más del que imaginábamos), mucho alimento. Y todo de manera permanente. Hasta el año la alimentación complementaria es puramente lúdica. Un bebé amamantado está prácticamente cubierto a nivel nutricional solo con la teta. Entonces el momento de comer debe ser equivalente a la preparación de una sesión de juegos para el bebé, que debe estar alimentado, cómodo, satisfecho y deseoso de jugar y aprender a explorar los alimentos.

Espera estar acompañado de otro adulto que lo observe y cuide en este nuevo juego. Si ese adulto tiene cuerpo disponible y ofrece su falda, el bebé se sentirá aún más seguro y sostenido para probar.

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Al igual que con la lactancia, el bebé no tiene horarios. Entonces deberíamos ofrecerle alimentos al bebé cuando él desee, sabiendo que estará acompañado cuando tenga deseos de comer (o jugar a comer)

Los inicios en la alimentación sólida responden a un hito madurativo social y sensorial. Permitamos que el bebé exprese la autonomía que viene logrando desde la conciencia de sus movimientos. Al igual que otros hitos no es algo que se enseña sino que debe acompañarse, con observación y cuidado, permitiendo que el bebé despliegue sus habilidades. La alimentación complementaria pone en juego todo lo logrado hasta aquí: la motricidad gruesa, poder sentarse sólo, gestionar el agarre de algo deseado y coordinar llevarlo a la boca.

 

Una oportunidad para revisar nuestra alimentación como familia

La nutrición también es emocional, es todo lo que entra por los sentidos. Tiene un significado ritual muy significativo que nos invita a poner en perspectiva nuestros propios códigos y reglas alimentarias. ¿Comemos con la televisión encendida? ¿Nos comunicamos? ¿Compartimos una mesa o cada uno está en su sillón? ¿Dedicamos tiempo a elaborar alimentos o nos satisfacemos con algo que se esfuma tan rápidamente del plato como lo compramos?

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Propongo otro modelo. Un modelo de continuidad, coherente con cada familia, con las necesidades y deseos de cada familia. Invito a que cada familia revise sus costumbres y creencias alrededor del alimento, que piensen como quieren nutrirse, qué alimentos quieren poner en su mesa, cómo quieren bendecirlos… Hagamos el ejercicio de imaginar la mesa que queremos. ¿De qué hablamos? ¿Qué nutrición circula allí? ¿Es un espacio donde hay escucha, armonía, agradable para estar? Aprovechemos la llegada del bebé para observar. ¿Disfrutamos la comida? ¿Masticamos? Es una oportunidad para crear nuevos rituales, costumbres  nuevas creencias. Nutrirnos no es sólo comer. Es el aire que respiramos, la tierra que pisamos, los pensamientos que generamos, el agua que tomamos, la compañía, el disfrute. Es nutrición primaria. Podemos cuidar todo eso a la par de buscar alimentos reales para compartir con nuestros niños, carnes y vegetales producidos en conciencia, buenas grasas, frutas sabrosas, variadas de estación, mejor si nunca tuvo código de barras.

Compartir alimentos nos ha vinculado a lo largo de la historia de la humanidad. Es profundamente íntimo, social y vinculante. Los rituales de alimentación compartida generan fuertes vínculos de conexión emocional. Que la alimentación de la familia sea así, real, coherente, sana y armoniosa. Un disfrute y una celebración que nutra cuerpo y alma de todos los que nos invitamos a juntarnos alrededor de una mesa (o del suelo, o de lo que cada familia elija.).

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