El concepto del acompañamiento es aún desconocido para muchos y sin embargo es una labor de suma importancia. Cuando una mujer se convierte en madre su transformación es inevitable. Todo el mundo dice que un hijo te cambia la vida pero pocas madres primerizas son conscientes de hasta qué punto esto es así. Cambia a la mujer, cambia a su pareja, cambia sus relaciones con sus seres queridos…Este proceso puede llegar a ser duro, doloroso y desconcertante. Sin embargo, cuando se lleva a cabo acompañado por alguien especializado y que además es madre, no tiene por qué ser así.
Las madres al estar en constante acompañamiento hacia nuestros hijos tenemos una visión y misión común. Entre nosotras nos entendemos y vamos creando así la tan necesaria tribu. Además cuando se trabajan los miedos, deseos y necesidades desde el embarazo de forma consciente el proceso de convertirse en madre es positivo y poderoso.
Acompañar es maternar
Más allá del trabajo previo que se puede hacer en el embarazo el acompañante o doula se encarga de dar apoyo y amor a la mamá en todos los procesos, incluido el puerperio, una etapa delicada en la que quizás esta figura sea más clave que nunca. Y es que acompañar es maternar. Es una labor ancestral similar a la que desde siglos han llevado a cabo nuestras madres, tías, abuelas…Sin embargo en la sociedad actual esta importante labor prácticamente se ha perdido y cada vez más mujeres tras dar a luz han de enfrentarse solas a su inminente maternidad y puerperio. Y no debería ser así. Los acompañantes estamos aquí para sostener, proteger cuidar, alimentar, tender la mano y abrazar a todas las mamás y papás que lo necesiten. La doula o acompañante se entrega incondicionalmente en su labor de apoyo, de comprensión, de sentir y empatizar sin juzgar y desde el amor.

Mi experiencia personal
Yo descubrí el acompañamiento a la maternidad durante mi propio puerperio. El nacimiento de mi hijo Joaquín fue tan violento y el puerperio fue tan intenso que compartir, escuchar y empatizar comenzó siendo una herramienta de autosanación, lógicamente. Durante los primeros meses de mi puerperio DESPERTÉ y descubrí cosas que no podía guardarme para mí. Sentía la necesidad de compartir y transmitir mi experiencia a otras mujeres. Por eso comencé haciendo tribu y facilitando espacios de encuentros donde apoyarnos entre mujeres. En esa primera etapa, como activista me parecía sumamente importante visibilizar la violencia obstétrica, informar sobre el parto respetado, sobre la lactancia materna y sobre la crianza respetuosa.
Como tenía un espacio para realizar actividades, algo parecido a lo que ahora llamaríamos un centro de Coworking empecé proponiendo un espacio de encuentro una vez a la semana. En ese encuentro semanal cada madre que lo deseara podía venir a pasar la tarde, a compartir, a desahogarse o a trabajar si así lo necesitaba, ya que el espacio contaba con grandes comodidades. Había una zona de emprendimiento con venta de productos para la maternidad, productos naturales, fomentando claramente la temática. También se contemplaban los intercambios si alguna mamá necesitaba que cuidáramos las crías entre nosotras.
Fue pasando el tiempo y mientras Joaquín crecía yo lo hacía con él. De repente me di cuenta de que estaba rodeada de mujeres de manera cotidiana y sin elegirlo o ni siquiera pensarlo estaba comenzando a acompañar como lo hace una doula. Las madres en este espacio de encuentro comenzaron a abrirse de una manera muy amorosa y a sanar muchísimo…Con el paso del tiempo fueron ellas quienes me trasmitieron la importancia de mi presencia junto a ellas. No sé si lo elegí o si las mujeres que tenía cerca me mostraron este camino o misión. Inicialmente ser doula no fue una decisión consciente, desde la razón, simplemente se dio así. Surgió desde el amor y la incondicionalidad total. Es que yo desde que fui madre quiero que todas cuenten con alguien que las acompañe y que ninguna madre esté sola.
El acompañamiento como profesión
Cuando me di cuenta de la importancia de mi apoyo para el resto de madres de mi espacio ahí sí que tomé la decisión clara y contundente de querer formarme y tomarme el hecho de acompañar como mi nueva faceta profesional. Durante esos primeros dos años todo surgió de manera fluida y codo a codo con Silvia (mi doula) y así nos enriquecíamos y aprendíamos continuamente…. Silvia fue la primera que me dijo: Jime, vos YA SOIS DOULA. Cuando mi propia doula me hizo esta afirmación tan contundente me lo creí y comencé a trabajar para ello. Teníamos muchísimas ganas, muchísima ilusión de emprender un nuevo camino juntas, fortaleciéndonos y acompañándonos también mutuamente. Ella me decía que me había transformado en su mano derecha, en la hija mujer que no tuvo. Y durante mi último año en Argentina me nutrí de su sabiduría al máximo. Ella me brindó todo su conocimiento pero lo más importante fue que me brindó todo su AMOR. Para entonces ya existía un vínculo más allá de lo laboral, o de madre a doula. Sólo que en ese momento quizás no lo supe ver…

Sil estaba muy cansada. Su misión era muy intensa e inmensa. Y repentinamente su salud empeoró y nos dejó en este plano. Sentí que sin ella no podría continuar. Que mi camino seguía pero que lo emprendería en España. Mi compañero y yo decidimos dejarlo todo y regresar a Málaga. Fue duro dejar a toda la tribu. Pero yo tenía la certeza de que mi camino profesional continuaría aquí.
Mi convicción estaba clara pero la vida siempre te sorprende, te pone a prueba…Y resultó que mi expectativa de formarme aquí como doula no fue lo que yo esperaba. Hubo una serie de desencuentros con el colectivo Doulas y no pude realizar dicha formación en España como me habría gustado. Yo seguía sintiendo firmemente que mi deseo y mi misión era/es el de acompañar.
«Una doula no es lo que sabe. Es lo que es»
Seguí creciendo, seguí sanando y evolucionando. Comprendiendo, respirando. Entendí que acompañar para mí va más allá del embarazo, acompañar integra un todo. TODOS LOS PROCESOS QUE IMPLIQUEN LAS VIVENCIAS Y EMOCIONES DE UN SER. Como dice Michel Odent, uno de mis grandes referentes: “Una Doula no es lo que sabe. Es lo que es.”

Mi vivencia personal me trajo a la biodescodificación, ya que durante mis acompañamientos y mi escucha activa siempre relacionaba al cuerpo con las emociones. Creo que es importante sanar desde la raíz.Y la bio es una herramienta perfecta para esto. Al integrar mi conocimiento y experiencia multidisciplinar puedo ofrecer un acompañamiento integral y ahora no solo acompaño mujeres, sino también hombres, abuelos, niñes, etc.
TODOS podemos acompañar si nos abrimos y nos lo proponemos. DAR AMOR es EXPANDIRSE. Yo tuve la bendición de recibir el amor, el acompañamiento y el apoyo de doulas y terapeutas maravillosas. ELLAS SON MIS MAESTRAS. Y por supuesto mis MENTORAS. Incluso mi tribu, mis amigas de puerperio, mis amigas de inmigración, mis amigas virtuales…Todas somos una gran red de sabiduría y amor. De ellas es de quienes más aprendo para seguir acompañando.
